Algo más que un punto

El Castro regresaba este sábado a la Segunda B sumando un valiosísimo punto en una de las canchas más complicadas de la categoría. El empate en Tafalla, más allá de su importancia aritmética a final de temporada, vale su peso en oro desde el punto de vista moral para un equipo que debutaba muy tocado en lo anímico después de una desgraciada pretemporada. La capacidad de sufrimiento y la concentración resultaron decisivas para conseguir una igualada que tiene sabor a mucho más.

Ficha técnica

Tafatrans Vulcanizados Ruiz: Domene, Unai, Amezqueta (1 en P.p.), Natxo y Jesús (1). Aitor, Zala (3), Juan Carlos, Olcoz, Xabi, Pablo e Irujo.

CFS Castro Urdiales: Javi, Aitor, Rubén (2), Gaizka (1) y Galende. Raúl, Oliver, Diego Pereda, Jony, Urquijo y Alexis,

Árbitros: Kepa Díez España y Xabier Huarte Berra, del Comité Guizpuzcoano. Actuó como cronometradora Leticia Romero Haro, del Comité Navarro. Amonestaron a Natxo e Irujo por parte local y a Rubén, Oliver, Aitor, Gaizka y Galende por el bando visitante.

Goles: 1-0 Min. 15 Zala, 1-1 Min. 17 Rubén, 2-1 Min. 21 Zala, 2-2 Min. 23 Amezqueta, en propia puerta, 3-2 Min. 28 Jesús, 3-3 Min. 30 Rubén, 4-3 Min. 37 Zala, 4-4 Min. 39 Gaizka.

Incidencias: Partido correspondiente a la 1ª Jornada de Liga en el Grupo 2 de la Segunda División B ante unos 150 espectadores.


 

Fotos: Amaya Brizuela.

El Castro llegaba al debut liguero de esta nueva etapa en la Segunda B con las enormes dudas que generaba una recta final de pretemporada en la que las bajas se sucedían. Con tan solo 8 jugadores senior y 3 juveniles, los rojillos se desplazaban hasta Tafalla, una de las canchas más exigentes de la categoría y ante un rival llamado a luchar por el Play-Off de Ascenso. Desde luego, ni el escenario ni la situación eran los más propicios para apostar por un equipo castreño que parecía la víctima propiciatoria para los navarros.

Pero nada más lejos de la realidad, y cuando las condiciones son más extremas, surge el auténtico carisma de un Castro que iba a lograr un punto apelando al orgullo y a una enorme capacidad de sufrimiento. La premisa era clara al inicio del partido, llegar vivos a la recta final, donde el ataque de 5 condiciona los partidos y convierten al fútbol sala casi en otro deporte. Y los rojillos no solo llegaron vivos, sino que fueron capaces de sobreponerse a cada mazazo local en forma de gol, con una respuesta igual de contundente.

Se era consciente de que el peso del partido iba a recaer en los tafalleses y que durante muchos minutos el asedio iba a ser continuo, por lo que la concentración y la gestión de las situaciones iban a ser determinantes para lograr el objetivo. Durante la primera parte a los locales les faltó fluidez y, pese a que gozaron de oportunidades, también recibieron algún susto por parte de los castreños, que optaban por un juego más directo de lo habitual y por buscar sus opciones en las acciones a balón parado.

El primer gol no iba a llegar hasta el minuto 15, anotado por Zala, una auténtica pesadilla para los rojillos el sábado, y que parecía que ponía las cosas en su sitio, pero el Castro no iba a rendirse y Rubén iba a firmar su primer tanto como castreño poco después.

Al descanso uno de los objetivos estaba más que logrado y el buen rendimiento ofrecido en la primera mitad permitía ganarse el derecho a pensar que sumar podría ser posible. Pero enseguida los locales iban a demostrar que la segunda mitad iba a ser otra historia. Los de Leandro Fernández subían la línea de presión y antes de llegar al primer minuto, Zala volvía a poner en ventaja a los tafalleses en un rebote.

Para conseguir puntuar en ciertas canchas y en ciertas circunstancias, también es necesaria una pizca de fortuna, y esta iba a devolver a los rojillos lo que le arrebataba con el gol anterior. Un saque de banda interior de Rubén se estrellaba en un defensor local y se convertía en una nueva igualada. Veintitrés minutos de partido y el Castro seguía sobreviviendo.

Los minutos siguientes fueron sin duda los mejores de los locales, que durante muchos instantes ahogaron a los rojillos y los obligaron a defenderse como gato panza arriba. Alexis se convertía también en protagonista y la madera se apiadaba también de los castreños hasta que Jesús finalizaba en gol una larga combinación de los tafalleses. Pero nuevamente el Castro iba a reaccionar. Un envío largo del meta visitante y la mala salida de Irujo, permitían a Rubén firmar nuevamente la igualada en el ecuador de la segunda mitad. Se seguía soñando y, con tan solo diez minutos por delante, era posible.

Nuevamente el empate obligaba a los navarros a dar un paso adelante y, otra vez, embotellaban al Castro muy cerca de su área. Pero, a pesar del continuo acoso y derribo los de Leandro no se ponían por delante y el Castro se permitía a su vez fallar dos claras ocasiones para ponerse por delante en pies de Rubén y Galende.

Nuevamente el balón parado iba a ser protagonista, esta vez de la mano de Zala, que firmaba su triplete particular con un lanzamiento de falta que ponía a los locales por delante a falta de algo más de dos minutos. Ya no había nada que perder y todo que ganar y el choque estaba en la situación que se había esbozado antes del partido. Portero-jugador en cancha y otro partido por disputar. Después de un par de intentos sin fortuna, una rápida combinación rojilla suponía el empate definitivo, ramachado por Gaizka en el segundo palo. El premio estaba cerca pero aún tocaba resistir un minuto las acometidas locales con un jugador extra. Pero con tan jugoso botín en la mano, el Castro no iba a dejarlo escapar y cerraba todas las opciones a un Tafatrans que lo intentó hasta el bocinazo final.

La alegría en las filas rojillas se desataba, un único punto nunca ha sabido mejor para un equipo que llegaba a este debut liguero en una situación complicadísima y que se llena de moral para estrenarse el próximo sábado como local ante un viejo conocido, un Lauburu Ibarra que llega como uno de los cocos de la categoría y como un rodillo después de su goleada en la primera jornada.